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Salud mental en el trabajo: el problema que nadie quiere ver

Autor: Aracely Cortés Zumarán / Fecha: 2025-03-20

Imagina un mundo en el que ir a trabajar no implique ansiedad, desgaste emocional o miedo. Un mundo donde la productividad no esté reñida con el bienestar, donde el reconocimiento no dependa del sacrificio extremo y donde la salud mental sea un derecho, no un privilegio.

Ahora, regresa a la realidad. Ese mundo aún no existe.

Lo que sí existe es un sistema laboral que sigue operando bajo lógicas del siglo pasado. La cultura del "trabajar hasta reventar" se sigue normalizando en muchas industrias, mientras las cifras de estrés, ansiedad y agotamiento siguen en aumento. Pero hay un punto de quiebre: cada vez hay más voces exigiendo un cambio.

La Ley Karin y el espejo de nuestra crisis laboral

El 12 de noviembre de 2019, Karin Salgado, técnico en enfermería, se quitó la vida en su lugar de trabajo. No fue un hecho aislado. Fue la consecuencia extrema de un entorno laboral hostil que, como muchos otros, fue ignorado hasta que fue demasiado tarde.

Cinco años después, y tras la incansable lucha de su familia, en Chile se promulgó la Ley 21.643 (Ley Karin), que busca erradicar la violencia, el acoso y las condiciones laborales que afectan la salud mental.

Pero la pregunta clave es: ¿una ley es suficiente?

Desde su entrada en vigencia en agosto de 2024, se han registrado más de 5.214 denuncias en el sector público. Y si esto ocurre en instituciones estatales, donde existen regulaciones, ¿qué pasa en el sector privado, donde la fiscalización es aún más laxa?

Estas cifras son un reflejo de un problema estructural: la salud mental sigue sin ser una prioridad real en los espacios de trabajo. Se habla de ella en seminarios, se incluyen frases motivacionales en los valores corporativos, pero en la práctica, el bienestar sigue siendo secundario frente a la exigencia de resultados.

La paradoja del bienestar laboral

Las organizaciones que desatienden la salud mental de sus equipos pagan un precio alto:

  • Más ausentismo
  • Alta rotación y pérdida de talento
  • Menor productividad y más errores
  • Colapsos emocionales que terminan en bajas laborales prolongadas

A pesar de esto, muchas empresas siguen viendo el bienestar mental como un costo y no como una inversión. Mientras, los trabajadores viven en un ciclo de desgaste constante, en el que las soluciones temporales —como pausas activas o programas de mindfulness— no resuelven el problema de fondo: la cultura laboral sigue siendo hostil.

¿Dónde está el verdadero cambio?

Para transformar esta crisis, necesitamos intervenir en tres niveles:

A nivel sistémico: Las leyes como la Ley Karin son un avance, pero su impacto real depende de su aplicación efectiva. Si las empresas no cumplen, si no hay fiscalización ni consecuencias, seguiremos viendo cifras alarmantes sin cambios reales.

A nivel organizacional: No basta con políticas de bienestar decorativas. Las empresas deben asumir que crear entornos saludables es su responsabilidad, y eso implica:

  • Formación en liderazgo saludable.
  • Espacios seguros para denunciar violencia y acoso.
  • Jornadas laborales que respeten la vida personal.

A nivel individual: Nadie puede exigir bienestar si no lo reconoce como un derecho. Aprender a poner límites, practicar el autocuidado y exigir condiciones laborales dignas no es un acto de rebeldía; es un acto de supervivencia.

La salud mental no puede ser un privilegio

El bienestar en el trabajo no es una moda ni una tendencia de recursos humanos. Es una necesidad urgente. No podemos esperar a que otra tragedia nos recuerde lo que ya sabemos: sin salud mental, no hay futuro laboral posible.

Es hora de trazar una línea.

  • Si diriges una empresa, cambia la cultura antes de que el desgaste se lleve tu talento.
  • Si trabajas en una institución, exige un entorno seguro antes de que la desmotivación mate tu vocación.
  • Si sientes que cada día tu trabajo te está consumiendo, pregúntate: ¿cuánto más estás dispuesto/a a soportar?

Alcemos la voz. Denunciemos. Pongamos límites. Exijamos condiciones dignas. Porque si el trabajo es parte de la vida, entonces la vida no debería morir en el trabajo.

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